1858 Testigo mudo.
Llegas tu cada noche, lentamente te asomas
por entre las densas nubes, que cubren el cielo nocturno,
miras de lejos caminantes rumbo a sus hogares cansados
del jornal, con la esperanza de compañía y descanso.
Tu viajera, que miras impasible a los que sufren
de amor, escuchas los ruegos, tantos que padecen de soledad,
del frío que la ausencia hace crecer en sus corazones, pues
han sido ignorados por ese ser tan especial.
Tu sirena nocturna que embelleces el cielo
nocturno, y animas enamorados a luchar por un amor
que ha de sobrepasar las pruebas del tiempo, que escriben
en todo momentos nuevas páginas del alma.
Tu viajera que acompañas al joven de corazón
que ama, que sufre tan solo por el recuerdo de unos
bellos ojos marrones, un cabello oscuro como una noche
sin luna, que va por el camino del dolor.
Llegas cada noche para hacernos compañía, para
recordarnos que el tiempo pasa, mas no un amor sincero
que solo el olvido puede separar a dos almas que se han
jurado amor y han vencido cada una de las pruebas de su senda.
El Creador pone en nuestro caminar un testigo
mudo que da fe nuestros andares.
Por Prof. Luis Horacio de Jesús Cerdas Mora.
Derechos reservados de autor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario