1980 Un día como todos.
La noche apenas se despide
un duelo entre la oscuridad de la
noche y las primeras luces del
día que recien inicia hoy.
Los gallos saludan al nuevo
día que inicia, las montañas se
cubren de densas nubes, como
si se escondieron como en un juego.
El beso mañanero de rigor
como cada mañana, para hacer
el tan esperado café, un momento
del cual no hay excusa para saltar.
Tu presencia me da fuerza
para iniciar la jornada por fuerte
que esta sea, lo sabes bien mi
dama de ojos marrones.
Las horas fuera de casa no
son tan largas, pues sé bien que
alguien me espera paciente para
compartir las historias del día
El Creador nos bellos días para compartir con quienes amamos.
Por Prof. Luis Horacio de Jesús Cerdas Mora.
Derechos reservados de autor.

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