1883 Veinticinco de julio
La tarde fresca, era nuestra
última cita, no lo sabía en ese
momento, una conversación
a medias pues otros estaban.
Tu mirada casi sin luz,
deseabas tomar café, eso lo
recuerdo muy bien, con ayuda
lo tomaste lentamente.
Palabras sin sentido te escuche
decir, no comprendí los hechos que
venían de camino para marcar nuestras
sendas para siempre.
Un silencio pausado en tu voz,
una petición que no se podía
cumplir, el tiempo de visita
corría velozmente llegaba a su fin.
Miré en ti una mejoría, una orden
una petición escuché, de tus
labios vete a casa, lo cual hice,
y me mantengo allí en espera.
El Creador nos da tareas que se deben de cumplir.
Por Prof Luis Horacio de Jesús Cerdas Mora.
Derechos reservados de autor.

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