1686 Nave sin rumbo.
Cuando más confuso es
mi caminar
un deseo egoísta pasa
por mi mente,
un deseo o necesidad,
que alguien
se siente junto a mi
para escucharme.
Escuchar sobre lo que
por momentos
se convierten en un
torbellino que desea
salir, pero debo
guardar en mi pecho herido
se convierten en un
castigo, en un dolor.
Cuando pienso en un
porqué, entiendo
que hay un para qué,
más no es claro,
cuando pienso que hay
calma en mí,
surge esa tormenta y
naufrago en el dolor.
Escuchar a otros es un
arte, por eso
busco un oído, que en silencio
lo haga
escuchar sin opiniones
ni consejos pues
busco solucionar mi
caminar.
Cuando más busco una
salida
me doy cuenta de que
estoy atrapado,
la desesperación llega
sin misericordia,
para causar daño y
dolor en esta nave.
El Creador nos conduce
nuestra nave por sus caminos
Por Prof. Luis Horacio
de Jesús Cerdas Mora.
Derechos reservados de
autor.

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