1178 Te conozco de años.
Una barba frondosa, lentes oscuros, con al menos
cincuenta centímetros más de altura, diez o más
años de no mirarte, mi estimado y bien delgado
joven pupilo, una verdadera sorpresa.
Te miro, me has dejado con pocas palabras
por el momento, por lo que me quedo quieto, para
escucharte con atención, mi noble y querido niño,
que ya eres un hombre de familia.
Te miro, mi mente se llena de recuerdos, de la
inocencia que te caracterizó, cuando niño, ahora
mayor, te muestras respetuoso ante este viejo
roble que te contempla en silencio mientras escucho.
Lo años pasan, me pregunto como
siempre, sobre los caminos seguidos por esos
mis pequeños, por lo que me lleno de alegría
al encontrarlos luego de ese tiempo prolongado.
Barba frondosa, el pequeño que ya es hombre,
más alto que el viejo profesor, satisfacción que
llena mi pobre espíritu, al verle pienso que en
mi senda no todo ha sido en vano.
El Creador nos deja ver crecida la semilla sembrada.
Por Prof. Luis Horacio de Jesús Cerdas Mora.
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