1644 Una herida antigua
La mañana estaba clara de eso
me acuerdo muy bien, estabas frente
al altar sola, en las primeras bancas
sentados, todos menos tus hijos y yo.
Posibilidades de estar cerca imposible,
se nos negó, de lejos tus hijos estaban,
yo me ubique hasta el final, como un
desconocido, me sentí un indeseable.
Tu hermana te prometió que nunca los
abandonarían y fue la primera que
usurpó el patrimonio de tus hijos,
sin importar la situación de ese entonces.
La soledad es nuestra única compañía,
pues muchos de tus familiares nos dieron
la espalda, lo que nos ha hecho fuertes
pues hemos salido adelante en soledad.
Las pruebas ha sido fuertes pero el
dolor de tu ausencia es una herida
abierta de la que nadie habla pues
reconocen que aún nos haces falta.
El Creador nos da una luz cuando estamos en la
oscuridad.
Por Prof. Luis Horacio de Jesús Cerdas Mora.
Derechos reservados de autor.

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