1461 Un recuerdo
Y en esa tarde el ocaso pronto
estaba por terminar, un café para
uno, que poco a poco se consumía,
el silencio me acompañó.
Sus ojos ya casi sin luz
me dirigieron una mirada, por
dentro una luz de esperanza abrigó
mi alma, pero el final se acercaba.
Una frase, solo de sus labios, vete a
casa, la palabra se ha de cumplir y
en soledad se cumple, pues cuatro
caminos esperan un rumbo.
El recuerdo de aquella criatura
tan bella, mi dama de los grandes
ojos marrones de la sonrisa que le
iluminaba su rostro quedó allí.
La soledad me acompaña cuando
ellos ocupados están, más su
espíritu está junto a mí, su calor
aún siento en mis manos.
El Creador nos da compañía en
nuestro caminar.
Por Prof Luis Horacio de Jesús Cerdas Mora.
Derechos reservados de autor.

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