653 Cuando conoces a alguien.
Tu mirar se conecta con el suyo,
basta con un mirar y sabes que necesita
de algo, eres su confidente por excelencia,
a veces te conviertes en su cómplice.
Compañeros de campaña, de algunas
justas, tu escudero fiel, que comparte
mil lides, conocedores de la dulce
victoria, y hasta la triste derrota.
No necesitas saber dónde está, le encuentras
sin dificultad, pues conoces sus escondites, sus
letras también, ya que has participado de ellas,
simplemente crees que le conoces, pero no del todo.
Respetas sus secretos, ya que le aprecias mucho,
y no le obligas a confesar, lo que guarda en su
corazón, eres su lazarillo, en sus momentos
nublados, y su luz, en la oscuridad de su pesar.
Le escuchas con paciencia y atención, aunque
sea la misma historia, pues necesita ser escuchado,
más no le das consejo, pues deseas que busque una
solución, eres muy paciente, pues le aprecias mucho.
El Creador nos da compañeros que nos comprenden.
Por Prof. Luis Horacio Cerdas Mora.
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