1854 Una noche fresca en la capital
Las aceras poco concurridas, autos,
motocicletas, autobuses en caravanas,
llevan con sigo cansancio ilusiones,
satisfacción por el día que termina.
De pronto un silbato, los últimos
trenes que van rumbo a la estación, en
sus vagones se han de escuchar relatos
mil, sobre el día que termina.
Por las calles miro caminantes
que en busca del transporte que los
ha de llevar a casa, alguna madre
que recién recoge tarde a sus hijos.
La noche fresca es, mientras veo
pasar cada vez menos autos
y caminantes, las calles van
quedando solas en silencio.
Miro el cielo nocturno, las nubes
me acompañan, las farolas de las
calles alumbran a los pocos caminantes,
las luna tímida apenas se distingue.
El Creador nos da paisajes distintos en una
noche fresca en la capital.
Por Prof. Luis Horacio de Jesús Cerdas Mora.
Derechos reservados de autor.

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